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CREEMOS en un solo Dios creador de todas las
cosas (Génesis 1:1; Isaías 44:8; 45:22; Juan
1:3; Colosenses 1:16).
CREEMOS que Dios es Trino: Padre, Hijo y
Espíritu Santo; tres personas distintas y un
solo Dios verdadero (Isaías 9:6-7; Juan 1:!;
Romanos 9:5; Efesios 4:6).
CREEMOS el Misterio de la Encarnación; esto
es, que la bienaventurada Virgen María concibió
por obra y gracia del Espíritu Santo (Lucas
1:29-30,35; Mateo 1:18).
CREEMOS que la segunda persona de la
Santísima Trinidad ya existía en la eternidad,
pero que por el Misterio de la Encarnación,
participó de la naturaleza humana. Siendo así
“EMANUEL” (Dios con nosotros) (Mateo 1:23),
“Dios manifestado en carne”) (1ª Timoteo
3:16).
CREEMOS que por ser Jesucristo verdadero Dios
y verdadero Hombre (sin pecado), su sacrificio
en la Cruz fue de infinito valor para redimirnos
de nuestros pecados (Juan 1:1; Romanos 9:5; Tito
2:14; Hebreos 4:15; Apocalipsis 5: 9).
CREEMOS que la Biblia es la Palabra de Dios,
escrita por hombres pero bajo la dirección e
inspiración del Espíritu Santo, y creemos TODO
cuanto en ella se dice (2ª Pedro 1: 20-21).
CREEMOS que hay un cielo y un infierno; un
cielo que es la morada de Dios y donde irán a
gozar todos los redimidos por Cristo y un
infierno preparado para el Diablo y sus ángeles
y para cuantos no aceptan la salvación que Dios
ha provisto por medio de Cristo (Mateo 23:33;
Lucas 12:5; Juan 14:2).
CREEMOS que Jesús murió por nuestros pecados
y que resucitó para nuestra justificación
(Romanos 4:25).
CREEMOS que Jesucristo es el único mediador
entre Dios y los hombres. “Porque hay un solo
Dios y un solo mediador entre Dios y los
hombres, Jesucristo hombre” (1ª Timoteo
2:5).
CREEMOS que todo hombre es pecador, no solo
por ser descendiente de Adán, sino porque él
mismo ha pecado voluntariamente y, como la
Biblia dice: “No hay justo ni aún uno”
(Romanos 3:10).
CREEMOS que el hombre es justificado
solamente por fe: “¿Qué pues diremos que
halló Abraham nuestro padre según la carne?
Porque si Abraham fue justificado por las obras,
tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios.
Porque, ¿Qué dice la Escritura? Creyó Abraham a
Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que
obra, no se le cuenta el salario por gracia,
sino como deuda; más al que no obra, sino cree
en aquel que justifica al impío, la fe le es
contada por justicia” (Romanos 4:1-5).
CREEMOS que Jesucristo fue DADO para que los
hombres pudiéramos ser salvos. “Porque de tal
manera amó Dios al mundo que ha DADO a su Hijo
unigénito para que todo aquel que en El crea no
se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan
3:16). Y San Pedro dice: “Y en ningún otro
hay salvación (fuera de Cristo) porque no hay
otro nombre bajo el cielo DADO a los hombres, en
que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).
CREEMOS que el creyente en Cristo, es decir,
el que con una fe viva cree que Jesucristo murió
por sus pecados y le acepta como su único y
suficiente Salvador, ya en este tiempo tiene la
seguridad de la vida eterna. Jesús dijo: “De
cierto, de cierto os digo: El que oye mi
palabra, y cree al que me envió, tiene vida
eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado
de muerte a vida” (Juan 5:24). “El que
cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan
3:36). “El que cree en mi tiene vida eterna”
(Juan 6:47).
CREEMOS que las obras no son meritorias para
la salvación. San Pablo dice: “Porque por
gracia sois salvos, por medio de la fe; y esto
no de vosotros, pues es don de Dios; no por
obras para que nadie se gloríe” (Efesios
2:8-9).
CREEMOS que el cristiano tiene que hacer
buenas obras, no para ser salvo, sino porque ya
ha sido salvo. Las buenas obras pondrán de
manifiesto la vida espiritual del creyente.
“Por sus frutos los conoceréis” (Mateo
7:16). “No puede el buen árbol dar malos
frutos” (San Mateo 7:18).
EN DEFINITIVA: Creemos que aunque todo hombre
es Pecador y es incapaz por su esfuerzo de
conseguir la salvación de su alma: TODO hombre
puede ser salvo. Cristo, que como ya hemos dicho
era Dios y Hombre a la vez, reincorporó sobre su
persona a toda la humanidad que él mismo había
creado y satisfizo todas las exigencias de la
justicia divina en orden al pecado; de manera
que el hombre, mediante el arrepentimiento de
sus pecados y la fe en el Salvador puede ser
salvo, sin necesidad de ceremonias religiosas ni
esfuerzos humanos. |